Cuencos de Cristal de Cuarzo, Diapasones Pitagóricos, Terapias de Sonido, Kemicina del Sonido, Ciencia Curativa del Sonido y Terapia Layasónica. YARAY KOKEBA, S.L. Yaray Kokeba es un Centro de Investigación Especializado en Terapias de Sonido además de contar con otras terapias, como la Homeopatía, la Espagíria, Esencias Florales.


Desde tiempos inmemoriales, la humanidad lleva utilizando el sonido para modificar sus estados de conciencia; desde técnicas de canto tibetano, pasando por el canto chamánico e inclusive la religión católica a través de jaculatorias.
Todas estas formas de modulación del sonido transportan nuestros estados más superficiales a interiorizaciones profundas, donde la experiencia con nuestro interior se hace tan íntima que incluso podríamos ‘tocarla’.
La ayuda del sonido en la meditación, nos lleva a estados profundos mucho más rápido que si solamente realizamos una técnica. La combinación del sonido con el silencio, en la que buscamos el equilibrio de opuestos es más rápida y efectiva, puesto que estamos utilizando los dos polos de la misma energía, y de esta manera equilibramos en nosotros ambas energías.
El sonido y el silencio, buscan su equivalente en nosotros en la respiración y el canto. Según la medicina china el “chi” se encuentra en el aire. También la tradición hindú refleja la energía de vida o prana en el aire. Este aire modulado en nuestro interior se convierte en sonido, y dirigido con conciencia se convierte en la herramienta más poderosa y rápida que podemos encontrar para modificar nuestros estados de conciencia.
El sonido canalizado y dirigido llega a sanar, no solamente estados físicos, sino también estados emocionales y psicológicos, véanse por ejemplo los estudios realizados por el Dr. Tomatis sobre el sonido, la música y el canto sobre nuestra salud.
Todas las tradiciones religiosas del pasado contemplaban el gran beneficio que para el ser humano tiene el apartarse, retirarse, en épocas concretas, del mundanal ruido, de la rutina diaria, y obteniendo con esto mayor armonía física, mental y como no un avance espiritual tras la contemplación en el silencio de nuestro interior.
El aquietarse en un lugar apartado tranquilo, energéticamente elevado, conlleva un cambio importante en nosotros mismos, permitiéndonos discernir, con otro entendimiento, los grandes “sufrimientos” que arrastramos y perturban nuestra alma.
El cuerpo necesita sosiego, para que la mente se aquiete, las emociones se calmen, y de esta manera poder viajar a esos espacios internos, de los cuales todos los místicos nos hablan, con conocimiento de causa y efecto.
Estos espacios son las sendas que todos debemos recorrer, para llegar a la realidad última, a la conexión más profunda con Dios, con nuestro Ser.
Sin este hábito, nos perderemos una y otra vez, en el ruido cotidiano de la vida, en los sinsabores de la conciencia egoica y de nuestros mundos mentales, que son los causantes de nuestros desequilibrios y sufrimientos.
Todo está en nosotros, en nuestro interior hay otros mundos pero están dentro de nosotros, y sólo podremos percibirlos en la quietud y el recogimiento, tanto físico como interno.
Los monasterios siempre han gozado de este privilegio, estos reúnen las características que se necesitan para reconducir nuestras energías hacia el interior hacia la paz que mora en nosotros. Estos lugares de “Silencio” permiten que nuestra menta llegue a discernir con toda claridad los errores que cometemos, las actitudes que mostramos, y que no nos hacen felices a nosotros ni a los seres queridos y no tan queridos que comparten este viaje por la vida.
Estos lugares se hacen santos por que son templos vivos de oración y contemplación. La energía que emanan es tan elevada, que con menos esfuerzo, podemos en pocos días soltar el “lastre” que nos llevaría muchos años desechar. Nos permite sanar emociones que están profundamente arraigadas en nosotros y no nos dejan avanzar.
Hay que mimarse, para que esto pueda suceder, hay que “contemplarse”, entrar en el templo tanto externo como interno, para que suceda el milagro de “reconocernos” de saber quiénes somos en realidad y de esta manera el alma se purifica y la mente se doblega a nuestro mandato, sabiendo esta última, quién es el amo, el señor, el que manda.
Ya lo dice la Biblia:
“Aquiétate, y sabe que ‘Yo Soy Dios’ ”.
Yaray G. Inocencio
Directora del Centro de Kemicina del Sonido, Yaray Kokeba.
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